
El proceso de entrega recepción del Tribunal Superior de Justicia inició formalmente y para eso, sesionaron en la Ciudad Judicial y se declaró que el arranque del periodo en que la aún presidente del Poder Judicial, Myriam Hernández Acosta, le entregue las cuentas claras a quien presidirá ese poder, Marcela Herrera.
El encuentro se percibió un poco tenso, y no porque exista enemistad entre ambos personajes, sino por lo que significa para Myriam Hernández dejar un cargo recién obtenido a base de palancas e impulso político, y entregarlo derivado de una corrupta y mal hecha reforma constitucional.
En el caso de Marcela Herrera, el nerviosismo va más por el lado de la novatez, de que sabe que la curva de aprendizaje será un momento tortuoso y en donde es seguro que habrá fallos que destruirán la vida de personas, y parte de la responsabilidad será de ella y de su equipo de trabajo.
Para colmo, los nuevos jueces y magistrados que asumirán el 1 de septiembre, sólo recibieron una vacía y mal impartida capacitación que ofreció la UACh, universidad que no sabe ni cómo resolver sus propios problemas.
El relevo en el Tribunal no solo marca el fin de una gestión cuestionada -entre otras cosas-, por el compadrazgo, también abre un periodo incierto donde la inexperiencia y las malas bases amenazan con fracturar aún más la justicia en Chihuahua.
