
Claudia Sheinbaum volvió a encender la polémica.
Tras la intervención militar registrada en Venezuela, la presidenta de México salió a condenar el uso de la fuerza… pero no dedicó una sola línea a cuestionar al régimen que por años ha oprimido al pueblo venezolano.
En redes sociales, Sheinbaum citó el artículo 2 de la ONU para defender el principio de no intervención y escribió que los países deben abstenerse del uso de la fuerza.
Hasta ahí, diplomacia pura.
Pero para miles de ciudadanos, analistas y opositores, su postura suena más a protección política que a neutralidad.
Condena los bombardeos… pero calla frente a los abusos, las persecuciones y el autoritarismo en Venezuela.
Mientras otros gobiernos de la región han expresado preocupación por el impacto del chavismo sobre la democracia, Sheinbaum prefirió centrar todo su mensaje en “no tocar” a Maduro, dejando fuera a las víctimas, a los presos políticos y a los millones de venezolanos que han tenido que huir.
Para muchos, esto no es casualidad:
— “Cuando la prioridad es defender el discurso diplomático antes que la libertad de un pueblo, el mensaje es claro”, señalan críticos.
Sheinbaum insistió en que México defiende la soberanía de los Estados y la solución pacífica de los conflictos. Sin embargo, sus palabras fueron leídas como un guiño al régimen venezolano, pues no hubo condena alguna al autoritarismo, ni mención a los atropellos denunciados por organismos internacionales.
Y la pregunta queda en el aire:
¿Defensa de principios… o tolerancia frente a un dictador?
Porque, al final:
— Se condena el uso de la fuerza.
— Pero se omite condenar al poder que la ha usado durante años contra su propia gente.
Una postura que hoy provoca indignación, dudas…
y el temor de que México termine parándose del lado equivocado de la historia.


