Licencia para esconder lo que ya explotó

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Lo de Rubén Rocha Moya no es un acto de dignidad, es un movimiento de emergencia. Primero negaron todo, luego minimizaron, después gritaron “no está solo”… y ahora resulta que se va. ¿Entonces en qué quedamos? Porque cuando un gobernador pide licencia en medio de señalamientos de ese tamaño, no es por voluntad política, es porque la presión ya les reventó en la cara. Y esa visita a Palenque con Andrés Manuel López Obrador no fue casualidad: fue control de daños, fue línea, fue el momento en el que decidieron hasta dónde podían sostener la mentira.

Aquí no estamos hablando de chismes ni de grilla barata. Estados Unidos no se mueve por ocurrencias. Tiene expedientes, testimonios, declaraciones de criminales convertidos en testigos, gente como Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán o Ismael ‘El Mayo’ Zambada que han soltado información que no se puede tapar con mañaneras ni discursos patrioteros. Y mientras allá arman casos, aquí arman excusas. Porque el problema no es Rocha… es todo lo que puede arrastrar si abre la boca.

Y en medio de todo esto, Claudia Sheinbaum arranca su gobierno cargando un muerto político que nadie quiere tocar. Porque a este nivel ya no es omisión, es encubrimiento. No es soberanía, es miedo. Y no es gobernabilidad… es complicidad. Porque cuando un gobierno protege a los suyos por encima de la ley, deja de ser gobierno… y se convierte en tapadera.

Aquí no faltan pruebas… sobra protección.