En una ciudad donde el agua es un servicio indispensable, la comunicación con la autoridad encargada de administrarla debería ser una garantía, no un obstáculo.
Sin embargo, este jueves 30 de julio, múltiples usuarios denunciaron a este medio la imposibilidad de comunicarse con la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) de Parral, dependencia que opera desde el edificio de Gobierno del Estado y forma parte de la estructura de la Junta Central de Agua y Saneamiento.
Ante los reportes ciudadanos, este medio realizó diversas llamadas durante distintos horarios de la jornada laboral al número oficial (627) 522-1521, así como a distintas extensiones de la dependencia, incluyendo áreas de atención relacionadas con la planta potabilizadora, reportes de bacheo y solicitudes de pipas.
El resultado fue el mismo: las llamadas no fueron atendidas.
La situación cobra mayor relevancia porque las principales quejas provienen de usuarios que enfrentan problemas de desabasto de agua y requieren precisamente comunicarse con la dependencia para solicitar una pipa, reportar fallas o dar seguimiento a servicios previamente solicitados.
Uno de los casos expuestos a este medio corresponde a un ciudadano que, durante meses, ha realizado diversos reportes y ha solicitado los folios correspondientes para dar seguimiento. No obstante, al intentar consultar el estado de esos registros, asegura que algunos folios no aparecen en el sistema y otros están asociados a domicilios o reportes completamente distintos.
A ello se suma el caso de habitantes de la colonia Juárez, quienes señalaron que continúan esperando el envío de pipas de agua y que este jueves tampoco lograron establecer comunicación con la JMAS para conocer el estatus de su solicitud.
Ninguna institución está exenta de enfrentar días de alta demanda o problemas técnicos. Lo preocupante es cuando el ciudadano no tiene una vía de comunicación para informar una falla, solicitar un servicio o simplemente preguntar por un reporte que ya realizó.
La atención telefónica representa el primer contacto entre la ciudadanía y una dependencia pública. Cuando esa comunicación falla, también se rompe la confianza.
Porque el problema ya no es únicamente la falta de agua.
El problema comienza cuando tampoco hay quien conteste el teléfono.
