*La fiesta que se paga sola…
*Diplomacia selectiva
*Falomir mueve piezas
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El sábado pasado, el alcalde de Cruz Pérez Cuéllar volvió a encender la maquinaria del espectáculo político en la emblemática Plaza de la X. El evento, según asistentes, no fue precisamente espontáneo: hubo versiones de acarreo, de listas de asistencia y de presiones internas hacia empleados municipales para llenar el espacio. La consigna, dicen, era clara: ir… y llevar refuerzos.
No es la primera vez que se reportan estas prácticas en actos masivos, pero el nivel de organización y la frecuencia empiezan a levantar preguntas inevitables: ¿quién paga?, ¿de dónde sale el recurso para montar eventos de esta magnitud cada pocas semanas?, ¿y bajo qué condiciones participa la gente? Porque cuando el entusiasmo necesita empujones, deja de ser entusiasmo.
La política de espectáculo funciona… hasta que se vuelve evidente. Cuando la convocatoria depende de la presión, ya no es respaldo… es simulación.
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En su gira internacional, la presidente Claudia Sheinbaum llegó a Barcelona para participar en la Cumbre en Defensa de la Democracia, pero el foco no estuvo en México. Su intervención incluyó un llamado para la liberación de Cristina Fernández de Kirchner, figura central de la política argentina y envuelta en procesos judiciales por corrupción que han marcado su legado.
El posicionamiento no es menor. Defender a una figura con antecedentes judiciales en un foro internacional envía un mensaje claro: la solidaridad política pesa más que el contexto legal. Y eso, en tiempos donde la confianza en las instituciones está en juego, genera ruido dentro y fuera del país.
En política exterior, cada palabra cuenta y cada postura se mide. No se puede hablar de democracia mientras se relativiza la corrupción.
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Alan Falomir, éste fin de semana reunió a más de mil personas en un encuentro que, más que reunión, fue demostración de músculo político. No fue un evento improvisado: es el resultado de años de operación territorial, de presencia constante en colonias y de construcción silenciosa de estructura.
El mensaje fue directo: la capital no puede caer en manos de Morena, y para evitarlo se necesitan perfiles con trabajo probado. No habló de futuro, habló de trayectoria. No prometió, recordó.
En un escenario donde muchos apenas se están acomodando, Falomir ya está jugando. En política, quien llega temprano no siempre gana… pero siempre condiciona la partida. Mientras unos apenas levantan la mano, otros ya tienen quién les aplauda.
